La gran tarde de Víctor

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Por José Luis Cuenca

La apoteosis artística, como bien destacaba Pablo Pastor en su crónica de ayer martes, de nuestro paisano Víctor Barrio en la plaza de toros de Valdemorillo el pasado domingo no es otra cosa que la "crónica de un triunfo anunciado".

El "pleno al 15" de mi pronóstico de hace nueve días, sin embargo, carece de mérito. Se veía venir. Y me explico. He seguido con mucho interés la trayectoria del torero segoviano Víctor Barrio desde sus inicios juveniles por las capeas ("el toro de los mozos") de las plazas de Riaza y Sepúlveda en época de fiestas, su debut como becerrista, novillero sin y con caballos después, hasta el día de hoy, ya convertido, desde 2012, en flamante matador de toros. Es por esto, por lo que digo que carece de valor mi apuesta por Víctor en Valdemorillo. Y esto es así por la sencilla razón de que tengo la ventaja, sobre otros aficionados, de conocer de manera intensa y continuada los valores artísticos y la competencia de Víctor Barrio para ejercer la profesión más difícil del mundo. Hay otros muchos que, como yo también, disfrutan de esa ventaja, pero prefiero no nombrarles por si acaso me dejo en el tintero el nombre de alguno de ellos. Pero por ahí andan. Son aficionados a los toros muy cabales que han paladeado muchas veces el sabor del toreo grande de Víctor en muchas plazas. El domingo me encontré con muchos de ellos en los aledaños de la plaza de toros de "La Candelaria: sepulvedanos, riazanos, ayllonenses, segovianos de la capital, madrileños... En Valdemorillo, sí, donde Víctor, ya ha impartido dos "clases magistrales" del Arte de Cúchares. La primera en febrero de 2011 como novillero, y la segunda, el último domingo.

Cuando abandonaba la plaza para recoger el coche y regresar a Madrid, veo a Víctor a lo lejos disfrutando de la gloria del triunfo. Firma autógrafos, se hace fotos con los aficionados al tiempo que recibe abrazos y parabienes con su proverbial y sincera cercanía. Ya en el aparcamiento, justo enfrente de la plaza de toros, un turista británico que había presenciado la corrida me pregunta por la dirección correcta para ir hasta Pozuelo de Alarcón. Como pude, y en mi inglés macarrónico, se lo indico al tiempo que le pregunto que le había parecido la corrida. "It was magnificent, and Víctor Barrio ¡phenomenal!" (Ha sido magnífico y VB fenomenal), me dice. "Yes, you sure knows, my friend. Bye, bye" (Sí, usted si que sabe, amigo mío. Adiós), le replico como despedida.

He leído las crónicas de la corrida de los principales críticos taurinos de los medios de información: la de nuestro querido y admirado Pablo Pastor en El Adelantado, las de Zabala de la Serna, Andrés Amoros, Patricia Navarro, Antonio Lorca, Íñigo Crespo, José Miguel Arruego, Rafael Navarro...Todos coinciden y son unánimes en el elogio total a la "obra" de arte y valor que Víctor Barrio diseñó, dictó y completó en Valdemorillo. También he visto la redifusión de la corrida que retransmitió Canal+ en directo, y escuchado los comentarios, igualmente laudatorios, de Molés, Caballero y David. Muy sinceras y solidarias me parecieron las palabras de Juan José Padilla en La Cadena SER pidiendo atención a las empresas (contratos) para el torero de Grajera.

Lo normal es que este aldabonazo que Víctor ha pegado en "La Candelaria" le sirva de mucho. Además de las invitaciones que le lloverán para acudir a los tentaderos de las principales ganaderías del país, yo espero que el "bombazo" de VB se traduzca en verse "acartelado" en las ferias de postín que aún no han terminado de confeccionar sus programaciones. Y luego, corrida a corrida ("partido a partido") para ir sumando más compromisos.  

Una fecha por tanto, la del domingo 8 de febrero de 2015, para no olvidar. Una tarde de toros para enmarcar y tener muy en cuenta; porque el sacrificio, esfuerzo y pundonor de Víctor es un ejemplo que se puede extrapolar a todo y a todos de manera transversal. Querer es poder. Y Víctor ha podido con todo. Su secreto estuvo en manifestarse de una forma completamente distinta a como lo hacen los demás.

No ha vuelto, como dicen algunos, porque nunca se fue. Él estaba ahí. "Simplemente (como le gusta decir al propio Víctor) me habían olvidado". Tampoco hay "revelación" ni "renacimiento" ni "suceso" ni "sorpresa", como escriben otros. Todo era muy previsible dada la categoría de la persona y el personaje. Y ya está aquí Víctor, dispuesto a "revolucionar" (en el mejor sentido de la palabra, el más positivo) nuestra languidicente Fiesta Nacional. De momento, y en tanto en cuanto no se celebren más corridas, Víctor Barrio es a día de hoy el número uno del escalafón taurino. ¡Ahí queda eso! 

Y acabo ya. En carta desde Burgos a su amigo Scott Fitgerald, escribió Ernest Hemingway lo que sigue: "Para mí, el paraíso es una plaza de toros bien grande, en la que graciosamente me han reservado a perpetuidad dos buenas localidades". El domingo pasado, el paraíso (terrenal) estaba en la plaza de toros de Valdemorillo.