Víctor Barrio: «Es muy doloroso que te pregunten por qué te has retirado»

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El toreo es un arte de puertas con un única llave, la llave maestra de la perseverancia. Esa tenacidad puede abrirlas o cerrarlas a su antojo incontrolado. Caprichosamente, un maldito lance de un destino al que le falta rubricar el final feliz de la historia rasga literalmente lo que hasta entonces estaba siendo un sueño hecho realidad, lo zarandea y lo intenta desangrar y debilitar hasta que esa realidad se postra afligida y doblegada por un azar perverso que convierte el sueño en pesadilla. Y solo la llave maestra, sí, la perseverancia, es la que logra descodificar el candado para reabrir la puerta de una segunda oportunidad, una tercera, una cuarta...

8 de abril de 2012. El torero segoviano Víctor Barrio tomaba la alternativa en Las Ventas, la capital mundial del toreo. Una ovación en su primero le apremió para ansiar aún más el triunfo, pero tras matar al sexto le esperaba la enfermería para ser operado de la cornada que le había propinado el toro de su bautizo como matador. Ahora, su sacrificio, su confianza y su arte le han abierto de nuevo las puertas del coso madrileño. Le aguardan dos tardes para coronarse. La primera, la tradicional corrida del Domingo de Resurrección, el 5 de abril. «Ahora solo tengo la cabeza en ese día», confiesa. Comparte cartel con Eugenio de Mora y Pepe Moral. Tan concentrado está en esa primera de las segundas oportunidades que ni siquiera recuerda a bote pronto cuál es la segunda cita con Las Ventas. Será el 24 de mayo, dentro del ciclo de San Isidro, completando la terna con David Galván y López Simón.


– Habrá fechas inolvidables en su trayectoria, como el debut con picadores en su Sepúlveda natal en 2009 o la del 8 de abril de 2012, cuando una cornada truncó su alternativa. ¿Su inminente regreso ganado a pulso a Las Ventas estará también entre esos hitos profesionales y personales?

–Claro. Es un hito porque desde la alternativa no he matado un toro en Madrid. Han sido tres años muy duros en los que he toreado poco. El zambombazo de Valdemorillo ha sido fundamental. Para muchos aficionados he sido como un descubrimiento después de ese éxito tan importante; aunque siempre se me ha reconocido en la profesión, como cuando de novillero estuve en lo más alto. Yo siempre he estado ahí, no me he marchado nunca y quiero demostrarlo.

–Comentaba el triunfo de Valdemorillo y cómo le ha abierto las puertas de Las Ventas. ¿Llega una nueva etapa para usted?

–Esperemos que sí. La de Valdemorillo era una tarde importantísima y triunfé. La repercusión mediática ha sido grandísima, estás en boca de todo el mundo y notas que los aficionados te aclaman. Me daban por muerto en estos tres años, pero Madrid ha sido justo y voy con la ilusión desbordada y una enorme responsabilidad.

 

- ¿Tan mal lo ha pasado desde la cornada en su alternativa?

–Ha sido muy difícil. Yo he seguido yendo a Las Ventas como aficionado y ha habido gente que me reconocía y me preguntaban que por qué me había retirado. Eso es muy doloroso. Menos mal que en Segovia tengo fieles seguidores que han confiado en mí y a ellos, esta recompensa y lo de Valdemorillo, no les ha pillado por sorpresa. Aunque mi temporada de 2014 fue corta, también hice faenas de una gran dimensión y eso se vio después en Valdemorillo.


–Veo que el toreo, como tantas cuestiones en la vida, es un estado de ánimo, y el suyo desborda confianza, ¿verdad?

–Sí, la que tengo yo en mí y la que depositan los aficionados. Cuando di el paso de la alternativa venía de ser líder de los novilleros, de triunfar en muchos certámenes y pasé de ser cabeza de ratón a cola de león. Actualmente, si no te ruedan bien las cosas, se te van cerrando todas las puertas.

–Habla de las puertas cerradas y en estos tres años se habrá topado con muchas. ¿No habrá influido también la crisis?

–Ha habido mucha reducción de festejos y lo hemos acusado todos los que pasamos de novillero a matador. También es cierto que para que las ferias salgan rentables hace falta rematar bien los carteles. Una figura que no es famosa no lleva gente; pero es la pescadilla que se muerde la cola porque si no se dan oportunidades, la gente no te va a conocer.

–¿Cómo se ha preparado en todo este tiempo? ¿Ha cambiado algo su entrenamiento, centrándose más en lo mental o en lo físico?

–Te preparas como ese estudiante de oposiciones sin saber cuándo va a ser la fecha del examen. De cara a Las Ventas, la responsabilidad es muy grande y es algo que lo tienes asumido, pero a su vez es una inyección de moral muy fuerte. Quizás pesa más la parte emocional de confiar en uno mismo y que los nervios no te atenacen.

–¿Prefiere estar con gente en estos días previos o asilarse?

–Me aíslo de la sociedad, necesito mi soledad. Por eso estoy en una nave de un amigo mío en Aranda de Duero y allí estoy toreando de salón imaginando la faena que deseo.

«Nada está pactado»

–Pero esa faena no siempre se cumple porque hay otros protagonistas...

–Lo bonito y esencial del toreo es que nada está pactado. Puede haber aire, caer agua, también influye el estado anímico del matador ese día, sus miedos y luego el juego que dé el toro y al que te tienes que adaptar. Hay que ser consciente de que solo dispones de quince minutos para leer e interpretar lo que necesita ese toro. Una faena es algo abierto a la improvisación y por eso hay que ir muy dispuesto para saber leer y entender el lenguaje del toro.

–¿Cómo se define como matador de toros?

–Se torea como se es. Creo que soy serio en la plaza, fiel a mi personalidad; no intento imitar a nadie. Mi toreo está basado en el temple y en la búsqueda siempre de la verdad.

–¿Qué piensa de los movimiento antitaurinos, que ya han logrado prohibir la fiesta en algunos sitios? ¿El mundo del toro está perdiendo la partida?

–Yo lo asemejo a un toro que se echa y, cuando vas a darle la puntilla, como falles, se levanta y no cae. A la fiesta del toro nos ha pasado algo parecido. Estábamos echados, también por culpa de la crisis, y cuando iban a darnos la puntilla nos hemos dado cuenta y nos ha servido para concienciarnos y salir reforzados.

–Parece que hay un interés empresarial en recuperar la tradicional corrida de San Pedro y devolver la fiesta de los toros a la plaza segoviana, pero la concesionaria pide ayuda al Ayuntamiento. ¿Qué opina?

–Me da mucha pena ver la plaza de toros como la tenemos. Me gustaría que el Ayuntamiento pusiera su granito de arena, porque no solo vendría gente de la capital, sino también de los pueblos y de Madrid y sería un buen reclamo económico. Mi apoderado me dice que ahora tenemos la oportunidad de salvar la plaza, que si estoy como en Valdemorillo, seguro que más de un empresario hace algo para que le merezca la pena. Ya le digo que no me meta esa responsabilidad de ser yo el salvador de la plaza de toros de Segovia (se ríe).

Fuente: El Norte de Castilla